Incense
 
 

Compañía indeseada.

Era una noche de invierno, me encontraba sólo en la mesa de un bar. Cabizbajo, comencé a notar que tres presencias se sentaban a mi lado, y mirándome fijamente, se presentaron. Eran mis miedos, mis inseguridades y mi tristeza. Posaron sobre la mesa un contrato donde aparecía mi nombre, apellidos, y firma, como si fuera una hipoteca sin fin a ir pagando durante toda mi vida, y me miraron de nuevo, con convicción.

Mis ojos se cuestionaron cada letra. Parecía real, como si yo hubiera firmado todo aquello en los instantes cuando la tristeza y la desesperanza me invadía. Cuando la luz de un bello día se tintaba de tinieblas que ni una sonrisa podría cambiar el color.

En ese momento, me levanté de la mesa, los dejé ahí sentados, boquiabiertos. ¡Vuelve, no puedes irte! Pero seguí andando, sin más, ¿Quiénes son ellos para seguir condicionándome? No tenía sentido seguir sentado en esa mesa, con invitados ya no deseados, compartiendo un mismo plato llamado vida.

No, los dejé ahí, sonreí, y de repente vi la luz a mi alrededor y comprendí que nuestros malos sentimientos muchas veces somos nosotros los que les pedimos que estemos, cuando realmente, son temporales, no son para siempre. Pueden volar a donde no se necesitan, pero los hacemos nuestros, los convertimos en parte de nuestro ser, de nuestra alma, y se van alimentando de nuestra energía hasta que nos definen. No eres tu miedo, no eres tu ansiedad, no eres tu enfermedad, no eres tu desesperanza, no eres aquello que haga que tu alma pierda su luz, así que no dejes ser. ¿Acaso no comprendes que aquello donde firmes y como firmes te va a condicionar por el resto de tu vida? Borra tu firma de todo aquello que sientas que no vibra acorde a con quien realmente quieres ser. Muchas de las cosas que tenemos dentro, ese dolor por la muerte de un familiar, ese sentimiento de perdida cuando alguien se va de nuestra vida, ¡no todo es para siempre! Sólo son sentimientos temporales que nos ayudan a “ser humanos” y a tener experiencias humanas como tal, pero en el momento que firmamos para que estén siempre en nuestro interior y nuestro alrededor, estamos perdidos.

Cuando miré atrás, con mirada desafiante para liberarme de todo lo impuesto por mi mismo, se fueron, y la mesa quedó vacía.





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