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El grano de arena y la montaña

Updated: Jun 10, 2020

Cuenta la leyenda que un grano de arena solitaria pasaba sus días mirando a una grande montaña que se encontraba delante de ella. Es inmensa... pensaba cada día. Nunca podré ser parte de algo tan grande.

Y así, día sí y día también. La montaña se percató de que era observada. Y día sí, y día también.


Entonces, la montaña decidió intercambiar palabras con ese grano de arena.

- Dime, ¿por qué me observas tanto?

* Estoy contemplando tu grandeza.

- ¿Es así? No soy más importante que tú.

* Pero eres más alta que yo. Tienes tanta presencia...

- Así es, pero, ¿sabes? Soy así gracias a millones de granos de arena que me componen. Juntos formamos una consciencia perfecta.

* ¿Eso es cierto? Ellas deben ser muy agradecidas.

- Lo son, absolutamente, y lo puedo sentir cada día cuando sonríen, aman, y se cuidan las unas a las otras. Ellas tienen un sentimiento de unión enorme, porque, aunque muchas sean pequeñas, otras sean grandes, otras de un color claro u otras de un color oscuro, todas entienden que están unidas y que a la vez forman parte una de la otra. Realmente todas están hechas de la misma esencia, yo solamente soy su consciencia de unión y amor que forman con sus pensamientos de armonía entrelazados, sintiéndose una gran comunidad consciente y duradera.

* Nunca lo había visto así. Es un gran modo de vivir. Viviendo en la unidad.

- Anda, pequeña, levántate y se bienvenida a nuestra unidad. Tu solitud y tu ignorancia no te permitían ver esta realidad. No tiene sentido que vivas en la ausencia de amor y de compasión. Se consciente de que siempre has sido parte de algo más grande.


Moraleja. Cada ser humano, sea como sea, es un grano de arena. Pero imaginaros que todos esos granos de arena se unen ayudando y luchando en unidad contra cualquier fenómeno. Y que se aceptan, y que se aman, porque todos venimos de un mismo punto de luz, de un mismo Big Bang, de una misma célula que se formó hace millones y millones de años. Todos tenemos un mismo corazón que late y dos pulmones que respiran. Ahora es tiempo de recuperar esa unidad, ese amor, esa armonía. Porque ninguno somos idénticos, pero tampoco somos diferentes. Solos, somos esencia, pero unidos somos trascendencia, y en totalidad, somos divinidad.




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