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El virus pandemia

Dejádme que os cuente un cuento de actualidad.



Año 2020. Enero, día 25.


Comienza un nuevo año chino, un pequeño asunto sin consciencia mundial, aún, se cocía interiormente dentro del ser humano, lo cual alrededor del nuevo año chino, al igual que el comienzo de ese año, saltó hacia occidente. Como galletitas de la suerte que dan consejos sobre el destino. Pero lo que trae este cambio no es sólamente chino. Es algo que a día de hoy es conocido mundialmente, que se ha convertido en una pandemia de una forma radical.



Año 2020. Marzo.


Una maldición aterradora que ha nacido desde lo más profundo de los males que ahora azota intensamente al ser humano, produciendo estragos. Un virus altamente contagioso. Los creyentes dirán que es castigo divino, otros pensantes dirán que es un castigo de las estrellas, los intelectuales que es un castigo de la ciencia, los paganos que es un castigo de la Naturaleza, y los médicos, un castigo por despreocupación deliberadamente sin seguir normas establecidas de cuidados personales sanitarios y medidas a tomar acorde al problema.


Una maldición que se ha propagado a traves del contagio, de palabras tristes y alarmistas, una simple charla en un ascensor, en el supermercado, o hablando pausadamente con alguien contagiado consciente o inconsciente, con ojos sin brillo y llenos de desesperanza porque piensa que "va a morir".


El caos comienza a reinar porque muchos se han dejado llevar por ese mal. Supermercados que acaban sus existencias básicas. Videos a personas nacidas en China y emigrados, que, considerándolos como culpables, se hacen más viral que cualquier tipo de virus. Racismo. Ciudades que se encierran entre muros invisibles de leyes y prohibiciones. Colegios donde el silencio está a la orden del día, en pasillos, clases, pupitres, sillas. No hay más palabras escritas en las pizarras que las que fueron imprimidas con la preocupación por el futuro de aquellos que escribieron con tiza el último día de clase "por ahora". Centros médicos y héroes de la salud mundial colapsados y sin poder contar con el equpipamiento necesario para operar, por ejemplo, porque muchos creen que lo llevan dentro con un simple estornudo, ¡Jesús! o una tos seca, ya los problemas mayores que antes importaban como el cáncer, sida, rotura de huesos, han pasado a ocupar el último lugar del punto del día, y si es olvidado, mejor, porque como algunos pensarán como consecuencia del virus "ahora no hay nada más importante que mi propio cuerpo esté totalmente chequeado, aunque me digan que no tengo nada, porque para eso pago mis impuestos y ejerzo el derecho a voto".



Año 2020, Junio.


Ciudades donde la preocupación aún existe, las miradas sospechosas a las personas que tosen siguen siendo orden del día, y el respeto brilla por su ausencia, ya todos son considerados culpables por haber ayudado al contagio, y propagado, sin respetar las normas establecidas para evitarlo. La inocencia del ser humano está totalmente perdida. Incluso la ira destacó algún día entre marzo y junio, porque alguien decidió pegar a alguien que "podría haber sido contagiado y por ende, contagiar a otros".


Ciudades aún desiertas, los profesionales y héroes de la salud han perdido la esperanza y la motivación, ya no atienden con una sonrisa y luz en el alma, su mirada está apagada, no hay color. Han desaparecido su amor y su pasión por/para cuidar de nosotros, incluso algunos han llorado de impotencia por culpa de comentarios de pacientes, como que "no son tan buenos como pensaban o no están haciendo bien su trabajo y que mejor hubieran estudiado otra cosa". Insultos graves y dichos leves han sido susurrados a sus espaldas y dentro de nuestra alma como "da igual, que me muera, seguro que no les importo nada, total, mejor para ellos, así tienen que atender a menos gente".


Muchas personas llevan guantes aún en verano porque tienen miedo a tocar cualquier superficie. Comercios han cerrado para siempre, una gran cantidad de despidos se han llevado a cabo, la felicidad ha huido de las calles y de muchos hogares, los niños ya no juegan en las plazas. La preocupación aún se siente en el aire, se sigue hablando de lo ocurrido. Incluso se oyen noticias como que por culpa de éste virus actual se han robado en supermercados, los chicos que siempre fueron puros de corazón se han convertido en vándalos, y aquellos que han sufrido una muerte cercana dentro de su pequeño circulo social pierden la fe en la raza humana porque piensan que todos son culpables. Ya no se piensa con claridad. Incluso aquellos que podían aportar su granito de arena, han pasado a ser también parte del problema. La confianza y la amabilidad se han perdido. Odio. Racismo. Latidos separados. Dolor.




Seguramente que leyendo este pequeño cuento, has pensado en el coronavirus. Estamos siendo autosugestionados. No, me refiero al MIEDO (Angustia por un riesgo o daño real o imaginario, cita la RAE). El virus más peligroso al que se somete cada ser humano en algún momento de su vida, a la muerte y al porvenir. Que puede crear más desgracias que un simple virus incontrolable por ahora, y por desgracia, no hay vacuna para el miedo, el virus más letal que existe, porque bajo el miedo, nuestro sentido de supervivencia nos lleva a hacer cosas que no hariamos en nuestro estado normal de consciencia, y ahí sí que podría reinar el auténtico caos de las películas futuristas que tanto tememos.

Por favor, menos miedo y más amor, menos preocupaciones innecesarias y más ayudar en lo que se pueda para que podamos llevar esto de la mejor manera posible. No hay razas aquí, todos estamos siendo presa de este coronavirus, pero depende de nosotros si dejarnos llevar, o llevar nosotros al virus a un fin. Todos tenemos un mismo corazón que aún está latiendo, aunque lo hagamos a distinto ritmo. Ahora más que nunca, piensa como quieres que otros te traten, se más amable con todos, y no te dejes dominar por el pánico.



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