Incense
 
 

La sombra del virus

(Para aquello que estés haciendo, Lee este texto conscientemente, como si fuera escrito por ti. A veces, el poder de la mente es más importante que el propio miedo. Pongámoslo ahora en práctica, realmente por intentarlo no pasa nada).


Ya ha llegado. Lo veo traspasando fronteras, caminar por las calles, pasando por casas, por tiendas, colegios, centros médicos, comercios, parques, lugares escondidos, hasta que llega junto a mi, me saluda, y se para en seco a mis pies.

Ya ha llegado. Lo veo delante, y lo miro con mis ojos desafiantes. Me saluda, con sonrisa maliciosa. Realmente, él es muy pequeño. Mucho más que yo. Pero su sombra, que me libren de su sombra. Enorme, con olor a desesperenza, desamparo, confusión, tinieblas.


Ya ha llegado. Dentro de su sombra oigo voces de pánico ¡no te acerques! ¡mantén un metro de distancia! ¡no estornudes sin ponerte la mano!. Una sombra enorme, negra, oscura, dónde se oyen historias escalofriantes. Está coronado con la medalla de la muerte.

Le miro a los ojos. Le sostengo la mirada, y mis labios deciden opinar:

- Aquí estás perdiendo el tiempo, le digo. No hay nada que hacer delante, o dentro de mi. Yo confío en mi cuerpo, en mis defensas, en mis más de 11.000 glóbulos blancos por cada microlitro de sangre. Confío totamente en mi sistema inmunitario, y en mi poder de la mente para controlar mi cuerpo, y no estoy sólo en este campo de batalla, millones de células luchan en mi cuerpo para mantenerme vivo pase lo que pase, en mi o a mi alrededor, y sé que harán el mejor trabajo que puedan realizar. Soy el resultado de mis pensamientos positivos hacia mi cuerpo, soy el resultado de todas las provisiones de vitamina C que le otorgo a mi cuerpo, de todos esos tes para aumentar mis defensas, de toda mi respiración consciente para llenar mis pulmones con todo el aire que pueda. Mi energía vital no vibra en resonancia con tu energía de miedo, de contagio, o de muerte. Y he de avisarte, si entras en mí, perderás el tiempo, pues mi energía y mi consciencia luchan junto con mis células que me protegen de ti y harán todo lo posible por expulsarte de mi cuerpo. No soy producto del miedo que puedes generar, sino causalidad de mi mente consciente de que no he superado todos los virus anteriores o bacterias, para rendirme a tus pies.

Sus ojos se vuelven oscuros, mirándome con incertidumbre, pero su sombra se ha hecho más pequeña. Ya no tiene tanto efecto en mi, dentro de mi. Ahora mi luz es más poderosa, junto a mi fuerza y a mi poder interior. Le hice que se sintiera más pequeño aún con las siguientes palabras:

- Yo soy fuerte. Yo soy valiente. Yo soy guerrero. Si entras en mi cuerpo, mi templo, quizás puedas controlar mis pulmones, pero no controlarás mi mente y mis ganas de luchar por ver de nuevo el sol con cada amanecer. No he pasado problemas que me han hecho fuerte, para que tú con el miedo que generas, acabes con mi vida o con mi calma interior. No he superado millones de infortunios personales llegados antes que tú para que violes mi tranquilidad y mi esperanza de que todo pronto será mejor. No me vas a parar los pies, no vas a dificultar mi respiración. Porque aún tengo millones de sueños por cumplir, millones de sonrisas que disfrutar y crear a los demás, y millones de abrazos para repartir a mi familia, y dejarme que ellos me arropen con los suyos, con fuerza y amor, cuando tú hayas desaparecido de la faz de la Tierra. No tengo miedo, yo soy amor y esperanza, yo soy valiente. Tú elijes las palabras muerte y miedo, yo elijo las palabras salud y superviviencia.


Ya ha llegado, pero para irse por siempre jamás.


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