Incense
 
 

Vida de momentos. Momentos de vida.

Updated: Jul 13, 2020

Queridxs lectorxs, que me acompañais en este lugar llamado Mundo y en este momento llamado Vida.

¿De verdad sabemos vivir las alegrías con tanta intensidad al igual que las tristezas? ¿Nos permitimos sentirnos totalmente felices cuando algo bueno ocurre, al igual que tristes cuando algo malo sucede? ¿O reímos a medias y lloramos a enteras?

Cuando una mala noticia llega, es cierto que se nos encoje el alma. No sabemos donde meternos. Si hacer un huequito en la tierra para meter la cabeza. Si meternos hacia dentro para negar la realidad. O si llorar hasta que todo ha pasado. No sabemos lo que hacer, aunque nuestro instinto de supervivencia, que por naturaleza, nos ayuda a recuperarnos y ponernos luego de pie, nos hace mostrarnos fuertes pasado un tiempo.

Pero olvidamos siempre qué es lo bueno en lo malo que ocurre. Aún vivimos en un mundo de dualidad, y debido a que debe de haber un equilibrio, toda oscuridad tiene también su parte correspondiente de luz. Solo que, nos enfocamos totalmente en aquella mala noticia que nos olvidamos del resto. ¡Qué ingénuos somos! Nos creemos que solamente ese dolor que nos ocurre es lo que realmente merecemos. Dime, cuando te ocurre algo muy bueno y positivo que llevas esperando mucho tiempo, ¿de verdad crees que te lo mereces por haber luchado y te alegras muchísimo por ello o piensas que solamente es algo temporal y no le das tanta importancia, o más, como cuando una mala noticia llega?

Estamos acostumbrados a vivir la vida a medias. A reir, pero sin carcajadas. A reir con carcajadas, pero no a llorar de risa. Nos privamos. ¿Por qué? En cambio, cuando una mala noticia llega, todo lo que podemos pensar es llanto, preocupación, pena. Cuando nos ocurren cosas buenas, ¿de verdad le damos la misma importancia? ¿Por qué nuestra mente se fija solamente en lo negativo hasta que hemos llorado y aún así, esa preocupación se queda ahí estancada entre los caminos de la razón, el corazón y el pensamiento? Y en cambio, cuando algo bueno ocurre, esa energía tan buena que de verdad podríamos necesitar para vivir equilibrados emocionalmente, desaparece o no le damos demasiada importancia. Y qué pronto olvidamos todo lo bueno cuando algo malo ocurre. La balanza se vuelve a inclinar hacia un extremo. Algún día tendremos que encontrarnos en el medio.

Pero lo bueno es que, ocurra lo que ocurra, siempre hay un lado bueno a todo lo malo que ocurra, como una luz llena de esperanza que nos guía a ver todo mejor alrededor de tanta oscuridad. Y a veces por mucho que cueste hay que navegar en ese mar de emociones para encontrar esa luz.

Porque cuando alguien muere, se libra de todos los males de este mundo, de aquello que se nos hace tan difícil a veces y no lo disfrutamos tanto como deberíamos. La vida. Si vieramos la vida con tanta importancia como vemos la muerte, no lloraríamos al morir o cuando alguien muere. Estaríamos contentos, pero ahora sólo lloramos en vida por no ser capaces de disfrutarla tal y como de verdad debemos. Y justo también, esa agria noticia que nos llega, nos recuerda que tan preciada es la vida, y que tiene tanta importancia como la muerte, o incluso más, porque ambas a veces son como tesoros, dependiendo de las circunstancias, claro.

Cuando ocurre un accidente, nos ponemos en lo peor. Nuestra mente asocia accidente con muerte, peligro, y nuestra preocupación se activa en modo piloto automático y nos hace olvidarnos de lo bueno que podemos tener. Pero lo que no vemos es que mientras hayan aire en los pulmones y tambores en el corazón, siempre va a haber esperanza, porque si le damos importancia a esos momentos que están cerca de la vida, entonces, sintonizaremos nuestro corazón con esa felicidad que debemos sentir.

Así que cuando te ocurra algo inesperado, párate, no escuches solamente a esa voz que te hace hundirte. Busca también a esa voz que te hace mantenerte a flote. Busca la luz en toda oscuridad.

Disfrutemos las buenas noticias, los buenos momentos, los buenos amigos, los buenos sueños, los buenos días, que las malas noticias, vienen sin ser buscadas, y nos encuentran, pero cuando queremos que algo bueno nos ocurra, salimos a buscarlo y tenemos que encontrarlo. Que lo bueno a veces cuesta y lo malo nos llega solo.

Disfrutemos más de aquellos momentos que nos dan aliento. Que la vida se encarga de quitarnoslo segundo a segundo, y más rápido aún cuando la demostramos que no estamos viviendo con el corazón. Por que al fin y al cabo, al final del día, mientras los corazones sigan palpitando, todo está bien.




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